En los últimos meses ha habido una movida tan interesante como preocupante acerca de la eficacia de algunas empresas de seguridad respecto al incesante incremento de robos en domicilios particulares.
En el análisis riguroso del tema, una de las firmas que aparece como más cuestionada por su aparente ineficiencia es Prosegur, una de las más antiguas y sospechadas empresas de seguridad, a la que se la asoció en más de una oportunidad con el extinto empresario narco lavador Alfredo Yabrán. Lo antedicho representa una excelente excusa para hablar de la evolución de esta firma, que no pudo escapar de los más increíbles escándalos ya sea en el momento de su nacimiento, ya sea en la actualidad. Veamos, se estima que Alfredo Yabrán, junto a otros socios, logró el control de Transportes Juncadella en el año 1982.
Esta, a su vez, hace años que está asociada con Prosegur Internacional, grupo cuya cabeza es la española Prosegur SA, constituida en abril de 1976. En ese contexto es dado comentar que en su origen Prosegur fue una creación de Juncadella. Desde un principio, su presidente fue un antiguo compañero de trabajo de Yabrán en Juncadella, Herberto Juan Gut Beltramo. Juntos comenzaron a hacer fortuna con el gobierno de Isabel Perón y López Rega. La diferencia es que mientras Yabrán se quedó en Argentina (hay versiones de que ese mismo año había debido salir apurado de Italia, bajo una intensa presión de la DEA), Gut se marchó a España.
Beltramo había llegado a Juncadella después de haber sido empleado del laboratorio Ciba-Geigy y de trabajar luego tres años en Pittsburgh & Cardiff Coal, una proveedora de armamentos de la Armada y el Ejército en la que también se desempeñaba el ingeniero Mauricio Schoklender. A mediados de 1975, Gut le propuso a Amadeo Juncadella abrir una sucursal de la empresa en España. No había en ese país una empresa que se dedicara al transporte de caudales ni a dar seguridad a las instituciones, bienes y personas.
Y así fue como Gut aterrizó en Barcelona en noviembre de 1975, cuando tenía 28 años. Su patrón, Amadeo Juncadella, le había dado algunos contactos, sobre todo un primo catalán poderoso: el industrial José María Juncadella Sallisachs. También lo relacionó a Juan Abelló, titular del floreciente laboratorio de Antibióticos, quien a su vez le presentó a Mario Conde, el presidente del poderoso Banesto.

"Gut siempre contó que había llegado a España enviado por Amadeo Juncadella, un industrial rioplatense muy bien relacionado con la familia catalana del mismo apellido", recuerdan en su libro Los cómplices de Mario Conde los periodistas españoles Encarnación Pérez García y Miguel Ángel Nieto Solís. Amadeo Juncadella le habría encargado "a su joven ejecutivo que creara una filial española de la empresa". Pocos días antes y, como consecuencia de la protesta obrera que obligó a renunciar al ministro de Economía del gobierno de Isabel Perón, su protegido Celestino Rodrigo, el ex ministro de Bienestar Social José López Rega, había aterrizado en Barajas, convertido en embajador itinerante sin destino y rodeado de un tumultuoso séquito de miembros de la Triple A.
Gut trabajó con eficacia, y así, el 14 de mayo de 1976, tres semanas después del golpe militar encabezado por el entonces general Jorge Rafael Videla, nació Prosegur. La sociedad fue bautizada por Rogelio Minobis, vicepresidente del Banco del Progreso, perteneciente al Grupo March, que también participó de la fundación.
El presidente era el propio Gut e integraban el directorio conspicuos representantes del franquismo y la banca como Rogelio Guillaumez (testaferro de la Banca March) y Leopoldo Rodes Castañes (en representación de la agencia de publicidad norteamericana BBDO). En cuanto a las acciones, estaban repartidas entre la sociedad Gutbel (en obvia referencia a gut Beltramo), José María Juncadella Sallisach, la Banca March, el Banco de Madrid y el mismo Gut, que se había reservado el 16 por ciento.
Casi al mismo tiempo, en Madrid, López Rega y el ex ministro del franquismo, José María López de Letona, fundaban una agencia de seguridad y vigilancia llamada Sass, donde encontró trabajo la crema y nata de la Triple A argentina, entre ella, el subcomisario Eduardo Almirón, quien más tarde (luego de hacer sus pinitos en la organización terrorista anti-ETA "Batallón Vasco-español") conseguiría ser contratado como jefe de la custodia de Manuel Fraga Iribarne entonces líder de la Alianza Popular.
Prosegur se convirtió en tiempo récord en la principal transportadora de caudales y servicios de seguridad de España. Su primer contrato importante en la “Madre Patria” fue para custodiar la quinta "Puerta de Hierro" en Madrid, donde había vivido sus años más felices el ex presidente Juan Domingo Perón. La histórica casa, hoy demolida, había sido heredada por Isabel Perón, que había sido detenida por los militares y pasaba sus días en una jaula de oro, recibiendo espaciadas visitas del almirante Massera.
La filial barcelonesa de Juncadella pasó a ser también madrileña. Había sido elegida para ese honor, por el juez Rafael Sarmiento, el mismo que tenía a su cargo la causa abierta contra Isabel Martínez, y el mismo que interrogó a los ejecutivos de las Industrias Grassi y del Banco de Hurlingham secuestrados en la guarnición de Campo de Mayo mientras Raúl Guglialminetti, Sánchez Reisse y compañía los torturaban.
Por si aun cupiera alguna duda sobre los vínculos existentes entre Juncadella-Prosegur y los servicios de inteligencia de la dictadura militar, baste recordar que la seguridad del Mundial de Fútbol de 1978 corrió a cargo del Batallón 601 de Inteligencia de esa fuerza y que la copa del mundo conquistada por el representativo local ante el holandés fue guardada, no en las bóvedas del Banco Central, sino en el bunker de Juncadella. La Copa del Mundo permaneció allí hasta 1982, cuando volvió a ponerse en juego en España, donde los servicios de seguridad del mundial, ante las protestas de los desairados empresarios locales, fueron confiados a... Prosegur, esta vez gracias a las recomendaciones de la embajada argentina.
Curiosamente, durante la realización de los más importantes partidos del mundial ibérico, una experta banda de delincuentes argentinos con inocultable aspecto porteño (de Barrio Norte), se dedicó a saquear las mansiones vacías de los más exclusivos barrios de Barcelona y Madrid. Cuatro años antes, apenas terminado el mundial argentino, en España había sido conformada otra subsidiaria del Grupo Juncadella, la empresa Afha, de actividades tan vastas e imprecisas que se inscribió como "sociedad agraria, inmobiliaria, constructora y agencia de publicidad".
Entre los accionistas de Afha figuraban los hermanos Juncadella y el almirante Jorge Montes, por entonces canciller de la dictadura. El representante de Afha en España era el capitán de fragata Eduardo Aldao, amigo y compañero de promoción del también capitán de fragata Carlos Carpintero, secretario de Prensa e Información de la junta militar. Afha firmó contratos con la fábrica estatal de explosivos Río Tinto y realizó grandes exportaciones sin que luego se pudiera precisar cual había sido su destino final. Probablemente haya canalizado exportaciones de armas españolas.
Lo cierto es que, al llegar Felipe González al gobierno, "afloraron las denuncias sobre blanqueo de dólares provenientes del narcotráfico y reinvertidos en España", según escribieron los periodistas Ferrari y Ronzoni. Algo importante había sucedido al terminar el mundial español de 1982: Gut le había birlado a sus patrones el control de Prosegur.
Es más: había iniciado junto a su amigo Yabrán, la conquista de Juncadella. El periodista Juan Salinas se refirió a este proceso en “El otro Yo del Señor Yabrán”, publicado en “El Nuevo Porteño” el 2 de octubre de 1996.
Advertía que los investigadores judiciales españoles investigaban la hipótesis de que Gut lavaba el dinero de Monzer Al Kassar y otros traficantes de armas. En el mismo sentido, el periodista argentino radicado en Barcelona Norberto Bermúdez, agregó que en algunos de estos negocios Gut utilizaba un alías de raigambre masserista, “Comandante Negro”.
LAVADO, SOCIEDADES Y SOSPECHAS.
Durante los primeros años, Gut mantuvo en Prosegur su posición de accionista minoritario, en tanto que Amadeo Juncadella, en Buenos Aires seguía de lejos complacido la gestión de su joven ejecutivo. Pero en 1982, la satisfacción de Juncadella se transformó súbitamente en preocupación.
Gut le dijo que quería comprar la parte de los Juncadella en Prosegur y hacerse con su control, pero sólo le ofrecía pagar 100 millones de pesetas, el equivalente a su facturación anual. Los hermanos Juncadella desestimaron la oferta de plano. No deseaban desprenderse de la mayoría de la empresa, y menos entregársela a un joven empleado suyo.
Ocurrió entonces algo insólito: de la noche a la mañana, Gut elevó su oferta a 400 millones pagaderos al contado, y consiguió hacerse con el 20 por ciento de las acciones en poder de March y el 20 por ciento del Banco de Madrid. Con lo que obtuvo el control absoluto de la sociedad.
Nadie sabe a ciencia cierta de dónde provino el dinero, pero sí se sabe que Gut negoció la operación en secreto con el entonces consejero del Banco de Madrid, Enrique Moya, quién enseguida pasó a desempeñarse en la presidencia del Instituto Nacional de la Industria (INI). Dos años más tarde, Moya ocupó la presidencia de Prosegur por deseo expreso de Gut. Ya con el control absoluto de la firma, Gut firmó un contrato de seguridad con Juan Abelló y Mario Conde y su empresa pasó así a ocuparse en 1983 de la vigilancia del banquero y de todas las filiales de Antibióticos.
Para desesperación de la familia de Abelló, Gut y Conde terminarían por quedarse con el laboratorio, el más importante de España. Ya desde fines de 1982, Gut y Conde eran objetivo de especial vigilancia por parte del gobierno socialista de Felipe González, que habían logrado romper con más de cuatro décadas de franquismo y postfranquismo.

El gobierno había conformado para vigilarlos (no sólo a ellos, si no a todos los grandes evasores) una sociedad anónima, Incresa, a modo de “task force”. Prosegur estaba sospechada de evasiones multimillonarias de dinero en billetes, enviándolos primero a las islas Canarias y desde allí al paraíso fiscal del Principado de Andorra, pero con el correr de los años, las investigaciones fueron quedando en agua de borrajas.
Otra fue la suerte de Conde. El gobierno socialista encargó a la agencia norteamericana Kroll Associates, conformada por ex agentes de la CIA, un seguimiento de las actividades de Conde. El Informe Crillón resultante de estas investigaciones, está repleto de referencias a las vinculaciones de Conde con Argentina y particularmente a los financistas Jorge Antonio y Jacques (Jacobo) Hachuel, al Banco Shaw, al “círculo de Carlos Menem” y a Monzer Al Kassar.
Según el informe, Conde utilizaba estos vínculos para “el lavado de dinero procedente de operaciones de droga y armamento”. En diciembre de 1993 el Banco de España (emisor) intervino al Banesto, tras lo cual pudo comprobar la “evaporación” de alrededor de 5.000 millones de dólares. Conde y Hachuel -un argentino nacionalizado francés, socio y amigo de Jorge Antonio- fueron condenados en marzo de 1996 en una causa secundaria, por apropiación indebida y falsedad de documento mercantil.
Conde logró obtener la libertad provisional tras pagar una fianza de 14 millones de dólares a la espera de ser juzgado por la causa principal. Sin embargo en febrero de 1998 fue nuevamente detenido e internado por la policía en la prisión de máxima seguridad de Alcalá Mecó, tras ser condenado a cuatro años de cárcel por la apropiación de cuatro millones de dólares, en el llamado Caso Argentia. El periodista argentino -radicado en Madrid- Ernesto Ekaizer escribió en El País (cuya jefatura de redacción integra), que "durante sus años de Banesto, Conde vivió obsesionado con la idea de poseer la información más amplia sobre personas y hechos heterogéneos" y que "montó una red propia de empresas de seguridad" cuyos puntales fueron las firmas Protecsa y Prosegur.
Conde, explica Ekaizer, dio satisfacción a sus obsesiones asesorado "por el financiero Jacques Hachuel, quien le acercó un grupo selecto de agentes del Mossad israelí". Ekaizer reveló que Hachuel le hacía llegar a Conde todos los días una minuta con las novedades encontradas por sus servicios particulares de inteligencia. "La habilidad de Conde fue indiscutible: en lugar de acudir a agentes locales indiscretos, que suelen vender y revender como por fotocopias una misma información a diferentes clientes, contrató un equipo israelí".
Conde, Hachuel y Cía. se especializaron en filtrar a la prensa informes robados al CESID (Centro de Estudios Superiores de Inteligencia para la Defensa, el espionaje español) por el coronel Juan Alberto Perote; alentar “guerra sucias”; usar servicios de seguridad privados para todo tipo de tareas y desparramar coimas a troche y moche en procura de comprometer al gobierno español, e incluso al propio Rey Juan Carlos (cuyas conversaciones telefónicas no tuvieron empacho en interceptar y grabar) en complicidades mutuas que les garantizaran impunidad y olvido. Pero, a pesar de todo, fueron detenidos y enjuiciados.
Es en este contexto que entre 1982 y 1983, la misma manguera que había servido para succionar dinero desde la Argentina comenzó a escupirlo, alimentando las arcas de empresas de transportes de caudales y de los correos privados, que florecían como hongos luego de la lluvia. Ferrari y Ronzoni puntualizaron que "a partir de 1983, el ciclo se invirtió y aquellos dineros que se habían multiplicado en la península ibérica comenzaron a volver a la Argentina.
Gran parte de ellos ingresó a los paquetes accionarios de las transportadoras de caudales. Si hay una certeza, ésta es que hubo una inyección de capital proveniente del exterior capaz de transformar a empresitas que a veces ni siquiera podían pagar el alquiler de sus locales en firmas tan prósperas que en pocos meses adquirieron flotillas de camiones y camionetas y se trasladaron a confortables oficinas propias".
Los mismos periodistas agregaban un dato muy sugestivo: los voceros del Grupo Juncadella justificaban tan fulgurante prosperidad porque, decían al unísono, habrían recibido copiosísimas "inversiones árabes". ¿Qué otros elementos habían pesado para que el sentido del flujo de dinero se invirtiera? También que a partir de 1982 y casi hasta comenzar 1984, en el último gobierno militar, del general Bignone, tenía una enorme influencia Carlos Bulgheroni, un empresario afín a Yabrán. Y, por otra parte, las relaciones entre los Estados Unidos y Siria eran pésimas, hasta el punto de que el 23 de octubre de1983 un coche-bomba del Hezbollah atentó contra el cuartel general de las Marines norteamericanos en Beirut, con un saldo de 239 muertos, y a comienzos de diciembre aviones estadounidenses atacaron las posiciones del ejército sirio en el Líbano tras acusar a Damasco de haber patrocinado aquel ataque. No hacía una semana que el periodismo se había empezado a ocupar del misterioso Gut (del que en Argentina seguía sin conocerse siquiera una foto) cuando, el 31 de mayo de 1997, el supuesto “Comandante Negro” murió en un accidente automovilístico en la carretera nacional 1 de España que une a Madrid con Burgos a la altura del Km. 70, cerca del pueblo de Loyozuela. Para entonces, Gut también era el vicepresidente de la argentina Prosegur-Protección Activa SA, firma que, asociada a Juncadella, se había instalado entre 1995 y 1996 en los cuatro países asociados en el MERCOSUR y, de yapa, obtenido un sabroso contrato para modernizar y mantener los equipos de comunicaciones de las policías federal y bonaerense. Una sigilosa privatización de hecho.
LAVADO… PERO DE CARA.
Tras la muerte de Gut Beltramo, la jefa de prensa de Prosegur de España, Maite Alba, vino a Buenos Aires a argumentar que su jefe fallecido era una excelente persona, y la empresa de primer nivel.
Para entonces, Prosegur se había vuelto asociar a Juncadella, y los camiones de transporte de caudales comenzaron a llevar los nombres de ambas empresas, mientras que los vigilantes habían pasado a ser exclusivamente de Prosegur. El jefe de seguridad de Juncadella-Prosegur era, el comisario Oscar Rossi, alías Coco, un viejo allegado a Yabrán. “Durante todos estos años, Gut y Juncadella fueron cada uno por su lado, pero ahora que Gut murió, hemos vuelto al primer amor”, explicó Alba a este periodista.
Y en un momento se sinceró: “Yo fui la secretaria de Gut durante muchos años, y te aseguró que jamás me enteré que lavara dinero, pero aún si fuera así, ha pasado mucho agua debajo de los puentes y ahora somos una empresa transparente, que cotiza en bolsa y de la que viven 7.000 mil familias”. Meses después, Maite Alba renunció a su trabajo.
Quien escribe estas líneas escuchó de boca del entonces gerente de Prosegur Argentina, Ramiro Vall, que las cuentas de la empresa estaban claras como el agua.
Lo que no pudo explicar Vall son algunos episodios puntuales que rozaban a la firma, como cuando vigilantes de Prosegur bajaron de los camiones de Juncadella a tiros, hiriendo a un niño de un balazo en la cabeza y resultó que ni siquiera tenían permiso de armas. O cuando, en marzo de 1997, una blindado de Juncadella-Prosegur que había sido asaltado en Ciudad del Este, no pudo demostrar el origen del dinero robado. El monto habría ascendido a 10 millones de dólares y siempre se habló de lavado de dinero. Las anécdotas son interminables, como la historia misma de Prosegur. Un culebrón de novela que algún día, no muy lejano, será desvelado por completo…